MUSEOS

Por Jorge Eduardo Lenard Vives

La corona duró más que la cabeza.

La mano perdió contra el guante.

(“Museo”, Wislawa Szymborska)

Los museos revelan, de algún modo, la idiosincrasia de las localidades que los albergan. Grandes y pequeños, temáticos o generales, en sus salas (a veces en su única sala), se exponen a la curiosidad científica del público una serie de objetos que permiten revivir el pasado o recrean las maravillas naturales de la geografía circundante. Esas piezas disparan, en el espíritu receptivo del visitante, inquietudes que lo llevan a interesarse por ampliar sus conocimientos al respecto.

Tal despertar del deseo de saber se origina a partir del elemento exhibido y de la explicación obrante en la referencia adjunta. Con esos datos, la imaginación echa a andar. El observador atento y perspicaz, con un mínimo de conocimiento —es beneficioso concurrir a los museos sabiendo previamente de que se trata—, no necesita largos textos que le interpreten lo que está viendo. Lejos de saciar la curiosidad, el museo debe aguijonearla para motivar la búsqueda de respuestas. Si una imagen vale por mil palabras… ¡cuántas más valdrá un objeto tridimensional! 

En la Patagonia hay muchos y muy buenos museos. En cada pueblo, en cada ciudad al sur del Río Colorado, es posible que el visitante encuentre un lugar dedicado a preservar la Historia local y a mostrar los aspectos naturales de la zona. En algunos puntos hay también Museos de Bellas Artes, con sus colecciones de cuadros y esculturas. Esta nota no pretende hacer un relevamiento exhaustivo de todos los museos de la región. Sólo intenta mencionar algunos; para recordar de esa manera al resto que, por una cuestión de extensión, no figura en su texto.

El primer Museo que se quiere citar es el Regional de Gaiman. Fruto de la iniciativa de la Asociación “Camwy”, nació en 1960 con el apoyo de Virgilio Zampini —escritor de prolífica obra literaria— a la sazón titular del área de cultura provincial. Fue dirigido, desde su inicio y durante muchos años, por la recordada Tegai Roberts; quien también incursionó en el estudio del otrora de la zona y en sus letras. El sitio muestra una elocuente cantidad de reliquias que retrotraen al inicio de la Colonia Galesa del Valle del Chubut.

En la vecina ciudad de Trelew está el Museo Paleontológico Feruglio; importante institución que preserva y exhibe una muestra de la riqueza paleontológica de la Patagonia. El museo reúne una serie de hallazgos que develan los momentos primigenios de la región. Esta institución tiene un atractivo anexo al aire libre en la zona de Bryn Gwyn; donde puede vivirse la experiencia de ver los fósiles tal como son hallados por los investigadores en el terreno.

El Museo Salesiano de Rawson es un recordatorio de la acción de esa colectividad religiosa en toda la Patagonia. Entre otras múltiples actividades, sus integrantes recolectaron “curiosidades” que remitían a la antigüedad o a la naturaleza de los ámbitos donde se asentaron; y así surgieron establecimientos como éste en varios sitios del sur. Fiel a tal consigna, el museo de la capital del Chubut tiene una variopinta colección que llama la atención de quien lo recorre.

Un Museo de visita provechosa es el Regional de Rada Tilly. Ofrece un atrayente muestrario de la flora y fauna de la zona; y de los restos líticos de las primeras culturas del territorio. En un paseo que se hizo en cierta ocasión al lugar, pudo observarse una lograda representación de la “Cueva de los Felinos”; gruta ubicada en la meseta central de Santa Cruz que posee unas llamativas imágenes de arte rupestre.

Si bien este cronista no tiene el gusto de conocer el Museo Marítimo y del Presidio de Ushuaia, que incluye los Museos Antártico y de Arte Marino, gracias a las descripciones disponibles se sabe que sus salas reúnen muchos recuerdos de los episodios que, con el tiempo, contribuyeron a crear la leyenda de ese mítico paraje de la Tierra. Su actual director, Carlos Pedro Vairo, escribió numerosos libros de historia; entre ellos “Ushuaia”, “Faros del Fin del Mundo” y “El presidio de Ushuaia”.

El Museo Paleontológico de Bariloche, que el autor de esta nota también sólo conoce por referencias, exhibe una sintética pero amena muestra de la soterrada riqueza fósil que encierran los Andes sureños. Es una dimensión poco conocida de tales escenarios, admirados por sus panoramas y su belleza paisajística.

Por su parte el Museo “Emma Nozzi” de Carmen de Patagones enseña una mirífica colección de piezas que reflejan el rico antaño de la comarca. Se complementa con varios hitos históricos cercanos; cuya cronología llega hasta la época del Virreinato. El nombre evoca a su primera directora —lo fue por cincuenta años—, Emma Nozzi; notoria investigadora del pasado y tenaz recopiladora de la tradición oral maragata, que también aportó sus escritos al corpus literario patagónico.

Como colofón de esta nota, se mencionará una institución de reciente creación: el Museo “Tiempo Pasado” de General Conesa; con su Banco de la Memoria “Guillermo Yriarte”, reservorio de testimonios escritos y verbales. Su fundadora es Inés Frantz de Luna; estudiosa del ayer regional y autora de varias obras que lo reflejan, como “Vivencias de mi gente”, tomos I, II y III. El Museo aduna elementos del ámbito natural y otros históricos; entre los que se observa una detallada maqueta del antiguo Ingenio Azucarero.

Cabe ahora preguntarse… ¿qué relación tienen los museos con la Literatura? ¿Por qué se cree oportuno tocar este tema en un espacio dedicado a las letras? En principio, ambas son manifestaciones del interés de una comunidad por su cultura. La presencia de Museos y Bibliotecas indican tal proclividad. Esta es una vinculación directa y sencilla; pero hay una más relevante. Se dijo, al iniciar estas páginas, que la contemplación de un objeto expuesto en un museo podía generar en el visitante el deseo de conocer más sobre las circunstancias que lo rodean. Al abandonar el recinto espoleado de tal manera, el investigador amateur querrá aclarar sus dudas. ¿Dónde buscará la información? Sí, ya se sabe que, tal vez, el primer recurso al que apelará la “red”. Pero, para profundizar el tema y contrastar lo visto en la “red”, ¿dónde terminará su búsqueda, si no es en los libros?