plebiscito 1902

 

PLEBISCITO de 1902: Ser o no ser argentinos.

 

Por Ángel Uranga (*)

 
 

 

     En el pozo depresivo en que naufragamos los argentinos, en esta ausencia de horizontes de tareas y objetivos comunes, en este desierto insolidario de un comienzo de siglo en que resalta más un generalizado deseo de huida, de indiferencia que de permanencia y compromiso; señalar y rescatar de la memoria colectiva lo sucedido en la zona de Trevelin el 30 de abril de 1902, nos debiera generar, en tanto sujetos sociales, la autoestima y confianza propia en nuestra capacidad de decisión.
     El Plebiscito de río Corintos del 30 de abril de 1902 marca un momento fundacional en la ocupación y plena soberanía del territorio patagónico, corroborado por -y esto es algo que debemos subrayar- la forma democrática con que se efectuó.
     El acontecimiento, sin duda el más importante en la historia del Chubut en el siglo pasado –más aún que el denominado  “descubrimiento” en Comodoro Rivadavia- expresó un acto de espontáneo arraigo argentino llevado a cabo por colonos inmigrantes.
     Hay otro aspecto que debemos tener en cuenta al memorar el Plebiscito de 1902, es el que resulta de la voluntad de resolver de manera pacífica los conflictos entre los pueblos.
     Y una tercera línea conceptual: la visualización de lo fronterizo.
     Si para el estado nacional la frontera es un accidente, un límite insuperable que debe separarnos del Otro; para la sociedad civil en cambio la frontera resulta un espacio de apertura, de intercambio y mezcla.
     Por eso, mientras los gobiernos tratan de separar a los pueblos e inyectarles desconfianza y temores, los pueblos se unen espontáneamente como bien lo ejemplificaron los galeses patagónicos en su armónica relación con las distintas tribus tehuelches que visitaban en el siglo XIX el valle del Chupat.
     La historia del Plebiscito tiene dos variantes: una, referente a la disputa por los límites entre las repúblicas de Argentina y Chile; otra, el poblamiento que protagonizan los colonos galeses en el Territorio del Chubut.
     La controversia por los límites entre los dos países se fundaba en dos principios o teorías expuestas por los respectivos peritos de ambas repúblicas. Mientras el trasandino alegaba que el trazo fronterizo debía basarse en la divisoria de aguas (divortium aquarum) para la comisión argentina aquella debía fundarse en las “altas cumbres” o, como bien estipulaba el legado virreinal; en “la cordillera nevada”.
     Si bien el Tratado de Límites firmado el 23 de julio de 1881 estipulaba que la línea fronteriza corre en esa extensión “por las cumbres más elevadas de dichas cordilleras que dividan las aguas y pasará por entre las vertientes que se desprenden a un lado y otro”;  la polémica y las capciosas interpretaciones mellarán las relaciones entre ambos países.
     Ante las divergencias planteadas por el perito chileno, se suscribe en 1893 el Protocolo Adicional y Aclaratorio en que: “Chile no puede pretender punto alguno hacia el Atlántico, como la República Argentina no puede pretenderlo hacia el Pacífico”.
     A su vez, por un nuevo Acuerdo firmado en 1896 las partes se someten al arbitraje de la corona británica.
     El fin de siglo encuentra a ambas repúblicas en aprestos bélicos y, pese al esperanzador “Abrazo del Estrecho” entre los presidentes Roca y Errázuriz, la carrera armamentista siguió hasta la navidad de 1901 con la movilización general en ambas naciones.
     Con los llamados Pactos de Mayo, firmados en Santiago de Chile en 1902 se llega a un acuerdo de limitación de armamentos, de definitiva demarcación de límites con arbitraje británico y la designación de una comisión técnica para fijar los hitos demarcatorios.
     El coronel Sir Thomas Holdich vicepresidente de la Real Sociedad de Geografía y con vasta experiencia en la frontera de la India, es  designado por S.M. Británica para comprobar in situ los lugares en discusión.
     De los sectores disputados se encontraban –entre otros- una vasta región que comprendía; a partir de Puerto Bles en la parte occidental del lago Nahuel Huapi a la parte norte del lago Viedma, en la actual provincia de Santa Cruz. Por lo tanto, las sierras al occidente de Leleque que incluyen los lagos Mascardi, Steffen, el valle del Bolsón, los lagos y valles Puelo y Epuyen, el Hoyo de Epuyen, el valle y lagos de Cholila y Lezama, la parte occidental del cordón Esquel, el abra de Esquel y Trevelín, el complejo lacustre que hoy integra el Parque Nacional Los Alerces, con sus lagos: Rivadavia, Verde, Menéndez, Cisne, Krüger, Stange, Futalaufquen y Situación ; el boquete del Nahuel Pan, cerro Thomas, Sunica Pari, laguna Rosario, Corcovado, lago Vintter, Río Pico, etcétera.
     Hasta aquí la parte jurídica de la discusión por la traza de límites internacionales.
     La otra parte comprende el protagonismo de los colonos galeses  del Chubut arribados en 1865 quienes gestaron una inimitable epopeya de trabajo y perseverancia.
     Habiendo ocupado la totalidad de las tierras cultivables del valle inferior del río Chubut, los colonos deciden expandirse buscando nuevas tierras al pie de la cordillera dadas las noticias de los feraces campos que comentaban los tehuelches.
      La expedición de los Rifleros del Chubut efectuada entre octubre de 1885 y febrero de 1886 tiene ese objetivo además de la búsqueda de oro. La expedición es financiada por los propios colonos y comandada por John Murray Thomas, primer galés nacionalizado argentino y a la que se invita al primer gobernador del Territorio del Chubut coronel Luis Jorge Fontana a ponerse al frente de la misma.
     El 25 de noviembre de 1885 llegan al valle que rodea y donde se asienta la actual localidad de Trevelin denominado por los Rifleros: Cwm Hyffryd en idioma celta, es decir, Valle Encantador.
     Por su parte el gobernador decide denominar “Valle 16 de Octubre” en homenaje a la fecha de promulgación de la ley 1.532 de Territorios Nacionales.
     El espacio de la nueva colonia comprendía el actual emplazamiento de la ciudad de Esquel, hasta la localidad de Corcovado. Eran, según disposiciones del gobernador Fontana, cincuenta leguas cuadradas para colonizar.
     Dos años después, los colonos construyen el camino de Gaiman a la nueva Colonia donde se instalarán las primeras familias.
     Como dejamos expuesto, la Colonia 16 de Octubre quedaba dentro del espacio en discusión limítrofe.
     Cuando el árbitro inglés Thomas Holdich llega a la Colonia y ante las posiciones irreductibles de los peritos, decide efectuar una consulta directamente a los colonos, preguntándoles a qué país consideraban que debían pertenecer; unánimemente contestan:
     “Acá llegamos con la bandera argentina y bajo ella hemos vivido”.
     La frase, textual o no, sintetiza sin embargo una política de ocupación  (Uti possideti) de la cual no solo no fue ajeno el perito Francisco Moreno, sino su principal promotor.
     Un pionero, cofundador del Pueblo del Molino (Trevelin) cuenta así ese histórico momento:
      «Había llegado la Comisión de Límites y su misión era poner fin a la polémica establecida entre los dos países. Sir Thomas Holdich era el árbitro inglés, representante de la Argentina el perito Francisco Moreno y por Chile el doctor Balmaceda. Cuando nos preguntaron bajo qué bandera deseábamos vivir, la decisión fue unánime. Ese día la Argentina se benefició con ciento treinta y dos leguas cuadradas…” (John Daniel Evans. El Molinero)
     El Plebiscito se efectuó el miércoles 30 de abril del año 1902 en la Escuela Nº 18 de río Corintos, y la foto colectiva que inmortalizó el acontecimiento pertenece a Carlos Foresti, colaborador de la revista Caras y Caretas.
      Si nuestros galeses patagónicos al optar por segunda vez por este país (la primera fue en 1865), y efectuar hace ya un siglo un imborrable gesto de agradecimiento por la nueva patria que los había cobijado; nosotros, argentinos del siglo veintiuno viviendo en una etapa de total incertidumbre, deberíamos agradecer a aquellos pioneros por su lección de arraigo, integración y trabajo con que construyeron sus vidas. Ellos, de alguna manera, nos están diciendo desde entonces lo que debemos hacer hoy.
(*) Escritor de Comodoro Rivadavia. Este artículo fue escrito el 30 de abril de 2002; con motivo del Centenario del Plebiscito de río Corintos.